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martes, 1 de mayo de 2018

Día Del Trabajo: Por Qué Se Celebra El 1 De Mayo

Por Huber Cracogna

A poco del auge y formas revolucionarias que imprimió el desarrollo industrial, sobrevino la liberación de esclavos y la abolición que dio por finalizada una canallada que duró más de 500 años de tráfico humano en toda Europa, África y América. El hecho tiene claro concatenamiento histórico, aunque pocos historiadores lo relacionan entre sí: resultaba más barato liberarlos e integrarlos a la maquinaria productiva que necesitaba la revolución tecnológica, que mantenerlos como esclavos en los campos, granjas y tareas domésticas. Su liberación jamás tuvo que ver con la nobleza y las bondades de quienes pretendieron imprimir su nombre como altruista de la historia. En absoluto. Dejaron de ser esclavos para a ser trabajadores de mano de obra barato que permitió embolsar astronómicas fortunas a los capitalistas de la época.

Las crónicas actuales refiriendo al tema solo entregan un resumen acotado e icónico de aquel 1° de mayo de 1886 en el cual un grupo de trabajadores, harto de su explotación, decidieron reclamar de manera airada una jornada laboral de 8 horas. Ley que previamente fuera aprobada por un presidente Estadounidense, que muy a pesar de su vigencia, no era aplicada. Claramente el capital y poder económico siempre se sobre puso a las decisiones políticas del momento decidiendo ellos que derecho nos asisten y que resultan solo utopías de pobres.

    La crónica relata: “La lucha por conseguir la jornada laboral de ocho horas es el origen de esta festividad, en honor a la clase obrera, que está presente en casi todos los países del mundo. Para conseguir un derecho que hoy consideramos incuestionable, la jornada la laboral de ocho horas, hizo falta sangre, sudor, lágrimas... Y un puñado de muertos. Este martes, 1 de mayo, se celebra el Día del Trabajo en casi todos los países del mundo. Una jornada que ha ido perdiendo su carácter reivindicativo para convertirse en un día festivo sin más, pero que sigue siendo uno de los pilares del movimiento obrero”.

  La fecha se fijó durante el Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional celebrado en París en 1889. La idea era rendir tributo a los Mártires de Chicago, un grupo de sindicalistas que fueron condenados en Estados Unidos por su participación en una huelga que se inició el 1 de mayo de 1886 en todo el país y, en ese Estado, se prolongó hasta el 4 de mayo con la sangrienta Revuelta de Haymarket. Tres fueron a prisión y cinco ejecutados en la horca. El fin era conseguir la jornada laboral de ocho horas que en 1886 ya establecida la Ley Ingersoll, pero que la patronal incumplía, lo que rearmó y movilizó a las organizaciones laborales y sindicales del país. En el juicio celebrado que poco tuvo de justo, los mártires fueron declarados además de culpables, también se tomaron el tiempo para declararlos peligrosos para la sociedad. En realidad, eran peligrosos para el sistema y los cánones de explotación que fueron peligrosamente en entredichos.

  En términos económicos y en la elaboración de proyectos que con el tiempo fueron apropiados por ideas políticas que hoy conocemos como IDEOLOGÍAS, el salario de un trabajador claramente marcaba un hito que destinaba recursos del producido de un país dividiendo recursos entre la maza trabajadoras y el capital. Cuanto más y mejor se distribuye ese producido, la sociedad gozará de mayores igualdades y mas derechos. Desde ese momento, todo rol de los ESTADOS, configurarían un tándem indiscutible e irremplazable a la hora de zanjar diferencias sociales o igualdades cuya brecha establece calidad de vida para mayorías o, la sumisión de muchos en defensa de los intereses de pocos y más poderosos. La discusión es eterna y naturalmente, tiene clara vigencia en la actualidad.

   La construcción y fortalecimiento de cualquier poder hegemónico político en el mundo se ampara y sostiene bajo tres patas irreemplazables: Sindicalismo. Política. Ideología. El sindicalismo discute la distribución de la riqueza y el producido, la política construye consensos en defensa de sus postulados y la ideología dice a quienes se favorecen y los equilibrios entre quienes solo tiene el poder de su trabajo y organización y el capital todo poderoso.

La argentina macrista retomó su rumbo ajustando en puntos neurálgicos en rigor de los intereses que representa. Quitó paritarias – herramienta de poder sindical – demonizó al sindicalismo, persigue judicialmente a la oposición y controla la justicia asignándole el rol de grupo de tereas, tal y como sucedió en los arribo del neoliberalismo con Martínez de Hoz, luego del derrocamiento del peronismo por segunda vez en la historia argentina.

  En la actualidad, las noticias para los trabajadores de Latinoamérica en general y la argentina en particular no aguarda buenas nuevas: una reforma laboral aguarda su tratamiento en el Congreso de la Nación cuyos objetivos está claramente destinado a quitar derechos, reducir lo que ellos llaman “costo laboral” quitando aguinaldo, vacaciones, paritarias y horas extras pagas. 

  A diferencia de lo que sucedió en EEUU – Chicago de 1886 – donde el poder económico demostraba insurrección al poder político decidiendo no aplicar una Ley vigente acorralando ante una debilidad manifiesta de un presidente que temía represalias de un enorme poder fáctico. En la actualidad, la gran diferencia radica en que el poder político no muestra vergonzosa sumisión al poder fáctico, sino, que está en ambos lados formando una sola y compacta perversidad que dejará sin derechos y sin distribución a toda la maza trabajadores, a menos, que el sindicalismo demuestra ser digno de ocupar los cargos para los cuales fueron electos por sus bases. Los mártires de Chicagos pagaron con su vida una gesta que derramó bondades y derechos al mundo del trabajo. Esperamos que el actual sindicalismo muestre interés en sacrificar el pronunciamiento pacifico de solo obtener dignidad.