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martes, 3 de abril de 2018

Villa Ana. Otoño Juvenil

Corridas, insultos, amenazas, desmanes y jóvenes que amalgaman su diversión con el desorden. El contraste de una sociedad que alberga a quienes venden droga para poder comer y otros que la compran solo para “divertirse” ante la impunidad de un estado ausente conducido por personajes que solo vinieron a ser buenos negocios, acrecentar sus bienes y mejorar su inconfesable perspectiva de vida. Las tranquilas calles de Villa Ana advierten de la integridad social – plena avenida – la desigualdad mostrada de la peor manera.

Sería difícil explicar este contraste en un pueblo en la que la dinámica social y cambios profundos producidos antes de que el resto se dé cuenta, resulta imposible traducir, sino fuera por un video testimonial que acredita una realidad que pocos están dispuesto a advertir y aceptar. Jóvenes de Villa Ana produciendo desmanes, corridas y amenazas pervirtiendo el orden público. Escenas que solo se explica ante la influencia e influjo de la droga y el alcohol que afiebran mentes y domina lamentables comportamientos sociales.

   El flagelo de la droga y como llega a muchas manos facilitando el consumo es resulta de muchas alternativas y variables que alberga nuestra sociedad. La primera y más nefasta, se explica ante la ausencia de un estado comunal cuyos conductores solo arribaron al poder para hacer buenos negocios, acrecentar su patrimonio personal, agigantar la brecha entre pudientes y pobres, permitiendo impunidad tanto para los que la venden obligado a instruirse como forma de ingreso destinado a sostener un plato de comida en sus hogares y entre quienes pueden comprarla – droga - como infecunda e inerte forma de diversión popular.

   El desorden que muestra el video ilustrando nuestra nota gráfica, se filmó en la madrugada del domingo último a poco de terminar una diversión de boliche cuyos jóvenes abandonaron dejándose pasar a una diversión que se materializó del modo que aquí vemos y advertimos. Mientras Coman se fijó haberes que superan los $ 45.000 mensuales y se compro una 4 x 4 Toyota Hilux modelo 2015, el otoño juvenil y la regresión social azota a franjas etarias de un lado y del otro.

   El caldo de cultivo que resulta permeable el acceso a las drogas, su comercialización, venta y consumo, es sin dudas la pobreza, la falta de oportunidades, la marginalidad y un estado que mira para otro lado desentendiéndose del flagelo mientras que a la par genera desprevenidos adictos y una comercialización de indigentes que les resulta su únicos ingresos destinado a sostener un plato de comida en sus hogares. La pobreza y la desigualdad es el primer instrumento social que oficia de caldo de cultivo para comenzar a desandar un derrotero que no tiene retorno como tampoco conciencia. El estado ausente es, sin dudas, el padrino de esta desgracia social.