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sábado, 7 de abril de 2018

La Derecha Aristócrata. Adoctrinamiento De Clases

Por Huber Cracogna

Una vez finalizada la guerra fría que especificó una clara hegemonía en el mundo occidental obligando al oriente comunista a reestructurarse y rehacerse en sus huestes intestinas, los resultados aplicados desde el consenso de Washington no solo definió pautas y paradigmas que empobrecieron mucho mas a países emergentes, sino, que legitimó prácticas que desembozaron en la naturalización de aberraciones institucionales con un destino específico: colosal endeudamiento como herramienta de demonio a países emergentes y la debilitación de las democracias latinoamericanas.

El adoctrinamiento se establece en rigor de la aplicación de teorías elaboradas y aplicada, en general, por gobierno de derechas, cipayos y débiles. El pueblo no las conoce y en general la ignora por completo. El destino y la evolución de la historia se cura en salud y aprende de sus propias experiencias: Antes del Consenso referido, existió una revolución francesa y una mayo Francés. A la par de la existencia de Adam Smith y John Williamson, también existieron los Carlos Marx, John Maynard Keynes y otros.

   La definición que establece “qué es la política” cuya hipótesis la debemos a Marx: “No es otra cosa que la eterna lucha de clases”, resulta un enunciado que se ha aplicado de manera perenne e incansable. Aunque muchos, no lo sepan y son objeto de manipulación que los sitúa en un determinismo dogmático. 70 años de intensa actividad los resultados arrojados no son números alentadores: el 6 % de la población del mundo es dueña del 86 % de la riqueza del mundo. ¿Cómo hacemos para lograr acrecentar una hegemonía económica política que favorece a no más del 10 % de la población cuando necesitas algo más del 50 % de apoyo – voto – que permita fortalece un proyecto político? Es muy difícil lograr el 50 % de apoyo social cuando gobernás solo para el 10 %.  Me temo que el 10 % sabe como engañar al resto. Me temo que el resto no sabe que es engañado.

   En los albores de los años 70´se utilizó la militarización del país, la imposición de la fuerza como instrumento de adoctrinamiento y un generoso sistema financiero que capitalizó, socolor de crecimiento, una deuda impagable con lo cual se debió negociar soberanía, resignación de libertades y mediocridad institucional. En la actualidad, solo se necesita un poder judicial corrupto, medios de comunicación mentirosos, pos verdad e ignorancia social y política. La desideologización y el desclazamiento de la clase media se encarga el adoctrinamiento que valiéndose de las entidades enunciadas alcanza y sobra conforme a evitar el triste espectáculo de sacar tanques en las calles, represión y derramamiento de sangre.

   En retorno de la derecha a Latinoamérica se advierte la aplicación de las viejas recetas antipopulares, persecución judicializando la política, poderes judiciales que dan ASCO, endeudamiento feroz, transferencia de recursos, primarización de la economía y partidos políticos sometidos o cooptados en defensa de los intereses corporativos, fácticos: Establiments. Macri gobierna en una Argentina que ya lleva 8.000 Pymes destruidas, 30 % de pobreza, pérdida del poder adquisitivo, endeudamiento a 100 años, destrucción del tejido social en tanto en Brasil – la séptima economía del mundo – condena a Lula a instancia de una resolución judicial que solo alberga convicciones de un juez que explicó que no hay pruebas de delito alguno.

   ¿El mundo se kirchnerizó o la derecha volvió con sus más aberrantes y sutiles prácticas? Lo cierto es que las democracias se perfeccionaron, los sectores populares accedieron a mejores vidas, los libros ilustraron a millones y claramente todo el mundo se dio cuenta que los que menos tienen son muchos más que aquellos que acumulan fortunas incalculables. Solo falta que se den cuenta que los muchos deben imponer a sus líderes instaurando un proyecto político colectivo y al mismo tiempo entender que el 6 % del mundo que más tiene no puede ni debe representar sus intereses populares.

   Se deberá comprender que los medios de comunicación moldean sus opiniones no pensando en la audiencia sino en las pautas publicitarias que pagan las multinacionales. Se deberá entender que el poder judicial debe ser un poder del estado y no del establiments. Se deberá entender que los partidos políticos deben gobernar para mayorías demandantes, y no solo para quienes financian sus campañas desde donde se establece inocultables, inconfesables y obscenas connivencias explicadas socialmente con enmiendas tales como “se aplica la ley manta corta”. Se deberá entender que un proyecto político debe albergar a todos, sin excepción, y no solamente a quienes aptos para el consumo, son los únicos que acceden a “derechos” para comprar privilegios.